| IES Santiago Hernández |
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| Miércoles, 11 de Octubre de 2006 01:42 | |||
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El IESBienvenidos a nuestra Web
En 1987 el Ministerio de Educación y Ciencia inauguró el InstitutoSantiago Hernández, situado al final de la Avenida de Navarra en Zaragoza y conocido entoncescomo "La Bombarda". Fue concebido en un principio como centro de Formación Profesional de Segundo Grado y ofrecía las especialidades de Peluquería y Estética, Informática de empresas y Marketing, con las que se pretendía adecuar las enseñanzas académicas a las innovaciones y desarrollo de la demanda laboral existente. A partir del curso 95/96 este centro comenzó a introducir de forma progresiva el sistema educativo LOGSE, comenzando por 3º de secundaria, aunque simultáneamente se siguieron impartiendo las enseñanzas de FP de 2º grado hasta su extinción en el curso 2000/01. La oferta educativa actual del Instituto es de Secundaria Obligatoria, Bachillerato en las modalidades de Ciencias y Tecnología y Ciencias Sociales y Humanidades y Formación Profesional en las especialidades de Imagen Personal, Administrativo, Comercio e Informática. Órganos de gobierno
D. Santiago HernándezD. SANTIAGO HERNÁNDEZ RUIZ.SU VIDA.Santiago Hernández Ruiz, nació en Atea (Zaragoza) el uno de mayo de 1901 y murió en Valderrobres (Teruel) en 1988. Pasó su infancia y adolescencia en varios lugares de Aragón: Atea, Cubel, Sena de Sijena, Villamayor, Casetas y Zaragoza. Completó su educación primaria con su hermano Joaquín, también maestro, que se convirtió en su tutor. Decidió cursar los estudios de magisterio y para ello hubo de trabajar en la librería “Gómez Pastor” de Zaragoza. Este trabajo influyó considerablemente en el despertar intelectual del joven Santiago Hernández. Posiblemente ésta fue una época de abundantes lecturas que contribuyeron a su formación, al tiempo que establecía una serie de interesantes relaciones con personalidades del mundo social y cultural de la capital aragonesa.
A los 20 años tras una corta experiencia profesional en el Colegio San Felipe de Zaragoza, se marchó a Madrid y esta independencia temprana, lejos de familia, forjaría su carácter. Allí encontró un ambiente pedagógico marcado por la influencia que ejercía entre los jóvenes aspirantes al magisterio el Museo Pedagógico. En Madrid tuvo que ponerse a trabajar espoleado, en parte, por la necesidad económica, primero en la editorial Ruiz Hermanos y, después, como maestro de párvulos, en el colegio “Santo Ángel de la Guarda”, donde empezó a replantear las prácticas establecidas, asumidas, simplemente, por el peso de la costumbre y de la tradición. Aquellas experiencias fueron una excelente preparación para las oposiciones, que aprobaría en la convocatoria de 1923 ganando la plaza de Paniza (Zaragoza) Tomó posesión de esta plaza el 11 de abril de 1925 con sólo 23 años. La esencia del pensamiento pedagógico de Santiago Hernández se forjó en esta población, de tal manera que en muchas de sus obras apeló a su experiencia en Paniza, una escuela de maestro único. Organizó un periódico escolar de carácter mensual “El escolar de Paniza” con alumnos responsables de cada sección. Cada alumno seguía un ritmo de aprendizaje diferente. En una escuela con noventa niños solucionaba los problemas de disciplina de dentro y de fuera del aula, para lo que responsabilizó a sus alumnos del orden y la disciplina creando un tribunal de niños. Se enfrentó a los padres para conseguir que todos los niños en edad escolar asistiesen a clases. Creó la biblioteca escolar abierta a todo el pueblo, para lo que estableció un horario de lectura y un sistema de préstamos a domicilio. Con una matrícula cercana al centenar de alumnos, tuvo que establecer un sistema de monitores o de ayuda mutua para que todos aprendieran. Posteriormente tras unos meses de ejercicio en Valderrobres se trasladó a Madrid donde fue maestro en el grupo escolar “El Pilar de Zaragoza” y director del “Tirso de Molina”. Por entonces, Santiago Hernández ya destacaba como publicista: amparado en la obtención del Premio Nacional de Literatura por su antología de textos para escolares Letras Españolas, publicó desde los años treinta varios libros de lectura, antologías de autores clásicos, artículos en revistas profesionales –El Magisterio de Aragón, El Magisterio Nacional, que dirigía-, estudios de didáctica y organización escolar, obras metodológicas y ensayos eruditos. En 1935, ganó una plaza de inspector y ejerció en Teruel, dónde pasó buena parte de la guerra civil, que como republicano sufrió en todas sus consecuencias. Durante la república fue presidente de la Comisión de Estudios Pedagógicos y de la Asociación Nacional del Magisterio, militante radical-socialista y miembro de la UGT, Secretario general de Instrucción Pública en plena guerra civil. Tras una breve estancia en Barcelona, inició un largo exilio en 1939. su destino fue México. Los españoles exilados se organizaron a través de diferentes organizaciones y crearon México sus propios colegios. El primero de ellos el “Instituto Luis Vives” se fundó en agosto de 1939. a finales de 1939 se abrió el “Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón” de cuyo primer claustro formó parte Santiago Hernández. En junio de 1941 se fundó el colegio “Madrid” donde entró a formar parte de su claustro de profesores Santiago Hernández, en el que se recogían dos grandes influencias que en España fueron largamente silenciadas: la institucionista y las aportaciones de la escuela nueva.
Hasta 1947 trabajó en el colegio “Madrid”. Aquel mismo año fue nombrado supervisor de Educación Normal e inspector de Normales, al tiempo que profesaba en la cátedra de Historia en la Escuela Nacional de Maestros, integrándose plenamente, de esta manera, en el sistema educativo mexicano.
Durante una década (1957-1966) participó en el Proyecto Principal Nº 1 de la UNESCO a favor del desarrollo de la educación en América Latina, como experto itinerante del proyecto. Se encargó de la formación del profesorado, de inspectores, de supervisores y planificadores. En su ánimo, recuerdo de su estancia en Paniza, estuvo siempre el convencimiento de que cabía organizar la escuela unitaria de forma que se cosecharan importantes resultados. Para ello no tuvo inconveniente incluso en trabajar directamente en las pequeñas poblaciones que visitaban, para demostrar como organizar una escuela con un único maestro. Una vez concluido el Proyecto, volvió a México donde ocupó, desde 1967, las cátedras de Didáctica Superior y Técnica de la Dirección y Supervisión de Escuelas; Metodología de la Enseñanza Superior y Programas de Enseñanza en la Universidad Nacional Autónoma, hasta su jubilación. A partir de ese momento, y hasta su fallecimiento, sus estancias en España fueron más prolongadas. SU PENSAMIENTO PEDAGÓGICO.Fruto más de una inteligencia natural que de amplios estudios académicos, Santiago Hernández elaboró una teoría global de la educación y se posicionó intelectualmente ante un mundo complejo, enfrentando sus experiencias con la información que obtenía de los libros. Este talante crítico, indagador y reflexivo lo conservó siempre: “ de lo que yo tengo que responder aquí es de la educación de estos pequeños; por consiguiente, debo dejar en receso las prescripciones confesadamente inadecuadas y ver que se puede hacer en esta situación concreta, viviente y palpitante; porque algo hay que hacer, y siempre se puede hacer algo, cualesquiera que sean las circunstancias”. Santiago Hernández se ocupó de las condiciones que debía reunir el maestro, situándose lejos del discurso sobre las dotes innatas, la vocación, la llamada y demás palabrería. Según Hernández eran exigibles unas cualidades a todo maestro: inteligencia, amor a la cultura, moralidad, tolerancia, paciencia..... Reclamaba una formación más realista para los estudiantes de magisterio que, ni sabían lo que era el niño, ni la escuela: “ Maestro que no lee, que no elabora y reelabora las ideas adquiridas que no rebusca incesantemente formas nuevas de demostración o exposición, que no somete a critica las utilizadas, que no otea diariamente el horizonte intelectual desde la altura, sea humilde de sus dominios culturales, no merece que se pongan en él muchas esperanzas”.
En el periodo de 1.900 a 1.936 se produce la consolidación de un sistema educativo nacional muy similar al que hoy conocemos. Este proceso estuvo unido a la formación del corpus teórico de una ciencia, la Pedagogía, empezaban a extenderse, en el tantas veces desolado panorama educativo español, los principios postulados por un grupo de médicos, psicólogos y educadores que pronto recibió el nombre de Escuela Nueva. Los maestros, quizá por la escasa formación que tradicionalmente habían recibido, eran pocos propensos a disentir del discurso pedagógico que surgiera en cada momento, aceptaban todo lo nuevo y sin un mínimo análisis se convertían en sus principales propagandistas. En este contexto, sorprenden las opiniones de un maestro de un pequeño pueblo de la provincia de Zaragoza que desconfiaba de los resultados que ofrecían investigaciones procedentes de la psicología y que comenzaban a aplicarse a la Pedagogía. En educación, advertía Santiago Hernández, los resultados de los experimentos de laboratorio y de las investigaciones (sin negar totalmente el valor de la psicología experimental) no eran fácilmente generalizables, entre otras cosas por la naturaleza cambiante del niño, el ambiente y la organización de la escuela. Reivindicó las aportaciones de Alcántara, Pestalozzi, y Froebel, advirtiendo que no se consideraba un defensor de la pedagogía tradicional, sino un convencido de los valores positivos, y todavía vigentes, que habían planteado estos pedagogos. Denunció el peligro que entrañaba considerar la graduación como el único medio posible para mejorar la calidad de la enseñanza. Este tipo de organización escolar exigía, en puridad, clasificar a los alumnos en grupos homogéneos; aumentar el número de profesores; construir nuevos edificios; modernizar el material de enseñanza; establecer principios que rigiesen la evaluación y promoción de los alumnos.... todo ello era bastante utópico en el primer tercio de nuestro siglo y, en general, en cualquier escenario que no fuese el de una gran ciudad. Santiago Hernández Ruiz defendió la independencia del maestro, la necesidad de darle la formación necesaria que le capacitara para analizar, con rigor e independencia, cada situación escolar y social concreta. Quizá por las mismas razones se pronunció como un defensor de la escuela unitaria bien organizada, como única alternativa posible considerando la dispersión de la población y de los recursos económicos disponibles. Dio una gran importancia a la trilogía pestalozziana: leer, escribir y contar. Todo aquello que había de convertirse en una poderosa herramienta intelectual para apropiarse del mundo cotidiano. Además condenar la escuela unitaria suponía, en la práctica, convertir la educación en el privilegio de una minoría.
La gran modernidad de los planteamientos de Santiago Hernández podemos encontrarla en algo, tan simple y tan complejo, como fue su compromiso con el progreso educativo de todos sus alumnos, a los que supo animar constantemente intentando inculcarles este optimista mensaje: “tú puedes hacerlo mejor”. Textos extraídos del libro “SANTIAGO HERNÁNDEZ RUIZ. UNA VIDA ESPAÑOLA DEL SIGLO XX. MEMORIAS (1901-1988)”.
Introducción y edición de Víctor Manuel Juan Borroy.
Publicado por el Instituto de Ciencias de la Educación. Universidad de Zaragoza.
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| Actualizado ( Miércoles, 28 de Octubre de 2009 23:20 ) | |||
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